Valora lo que tienes…


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Por Alex Olvera
En diferentes y variadas ocasiones es más que visible que las personas no solemos valorar lo que tenemos. De hecho inconscientemente somos demasiado codiciosos, anhelamos siempre tener más y dejamos de lado lo que realmente es importante.

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Decídete por enamorarte, decídete por amar…


 

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Por Alex Olvera

Si decides enamorarte…
Hazlo como si fuera la primera y la última vez…
Como si hoy fuera el último día de tu existencia…
Como si no pudieras enamorarte de nuevo…

Si decides amar…
Hazlo como si jamás lo hubieras hecho…
Como si no existiera un mañana…
Como si no existiera alguien más para amar…

Pero sobre todo, decidas lo que decidas…
Asegúrate de enamorarte a niveles extremos…
Asegúrate de amar con todas tus fuerzas…
De entregarte con todo tu ser…

Aunque tengas en mente que algún día…
La persona de quien tú te enamoraste…
La persona a quien tú decidiste amar…
Pudiera ser quien te hiera más profundamente…

Pero aún así pase lo que pase y hagas lo que hagas,
a final de cuentas, jamás te arrepientas,
pues esa persona por siempre será…
De quien tú te enamoraste, o a quien tú decidiste amar…

Historia del amor imposible


a3325103Por: Alejandro Olvera
Hace ya algún tiempo, un joven poeta llamado Juan escribió unos párrafos dirigidos hacia una persona, una chica de nombre Rosa a quien este enamorado hombre ya había confesado sus sentimientos con anterioridad, pero desafortunadamente estos no fueron correspondidos.

Juan era huérfano, había vivido duramente toda su infancia y parte de su juventud en una casa hogar donde se hizo amigo de una sencilla joven llamada María, con quien de hecho tenía mucho en común, ninguno de los dos había sido adoptado y por ende tuvieron que salir a enfrentar la vida al cumplir la mayoría de edad, para ahora sí, valerse por sí mismos.

Debido a su gran amistad al reencontrarse fuera decidieron compartir casa pagando la mitad de los gastos cada quien. Y es por esto que María tenía la oportunidad de acompañarlo cada vez que escribía algo. A ella le gustaba observar como de la imaginación de aquel hombre fluían tan hermosas palabras, además sabía de antemano que su amigo tenía ya una enorme colección de hojas violeta en su armario. Cierto día le llamó más la atención el que es vez haya utilizado una hoja color carmesí, pues Juan siempre utilizaba hojas violeta, “El color de las hojas, hace los poemas más especiales, además el violeta es mi color favorito”, decía muy seguido él.

Inspirado como nunca antes, Juan seguía aferrado a conseguir el amor de Rosa, pues para el lo era todo, era simple y sencillamente su felicidad. María estaba envuelta e un mar de dudas, ¿por qué Juan habría cambiado de color esta vez?, ¿qué será lo que estará tramando?, ¿por qué se ve tan feliz? Sin titubear, se armó del valor suficiente para preguntarle si ese poema se lo entregaría a alguien, pues definitivamente no combinaría para nada una hoja de color distinto a las demás. Él se limitó solo a sonreír, pero no le respondió.

Pasaron los años y ese poema jamás fue entregado. Juan lo guardo por mucho tiempo aún sabiendo que nunca sería correspondido. Un día despertó decidido, intentaría nuevamente conquistar a Rosa y para tal, entregaría aquel poema que había escrito con nada más que sus enteros sentimientos. Se levantó, se arregló y perfumó y salió rumbo al mercado, pues seguramente y como todos los días, encontraría a Rosa atendiendo su tienda.

Juan se acercó sigilosamente al área, al tiempo que una persona observaba lo acontecido. Observó todo, incluso el instante en que Juan, tímidamente entregaba aquella hoja carmesí. Entre la muchedumbre se sintió un silencio extraño, el tiempo se detuvo y esta persona no pudo hacer más que soltarse en llanto. Las lagrimas caían sobre sus mejillas sin que pudiese hacer algo, y fue así que procurando pasar desapercibida se fue llorando a casa.

Por otro lado, Rosa sabía de lo que se trataba ya todo el enredo, no se dio siquiera el tiempo de leer el escrito y sin pensarlo dos veces, tomó aquella hoja para romperla frente a los ojos de Juan. Tal como esa hoja, el corazón del joven también quedó destrozado. Él agachó el rostro y se retiró  lentamente del lugar, se dirigió a su casa y se refugió en el desván.

Al encontrarse allí, notó un pequeño agujero en la pared de una esquina, quizá la vivienda de un ratón; no le tomó importancia. Se sentó a pensar un poco y tras unos minutos, estando consciente de que su amor jamás sería correspondido, se hizo a si mismo la promesa de jamás volver a amar. Pasaron algunos días pero su deseo de sacar lo que sentía fue más fuerte que su voluntad por cumplir lo que se propuso, decidió a seguir escribiendo poemas, todos inspirados por el amor imposible de corresponder que le tenía a Rosa.

Varios años después Juan seguía plasmando sus sentimientos en papel, sabía que nadie nunca los leería pues aquel día de reflexión encontró el escondite perfecto. Utilizó el agujero entre la pared para ocultar cada escrito que realizaba. Pero un tranquilo día de verano su preciada inspiración se acabó.

La persona a la que amaba con toda su ser, Rosa, falleció. Al saber la noticia, Juan desconsolado subió las escaleras y se dirigió al desván, se detuvo un momento en la esquina para tomar sus escritos, leyó algunos y meditó sobre su vida, notó que ya era un viejo. Pero nunca valoró que sólo le quedaba la compañía de una persona que jamás lo dejó, su amiga María.

Juan se dio cuenta que desperdicio toda su vida buscando algo que de antemano sabía que jamás seria suyo. Sin pensar en su amiga, tomó una soga y se suicido. Cuando María entro en el área y vio el cuerpo de Juan, soltó en llanto y recordó el instante en que Juan entrego la hoja carmesí, sabía que Juan jamás la había amado y fue por eso que prefirió guardarse sus sentimientos por siempre, triste, desconsolada y sin motivos para seguir viviendo se suicidó también.


Del autor: “Sé que no es una fábula… pero… ¿Cual es la moraleja?”

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