El tiempo siempre se irá volando


tiempo

Malgasté el tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mi.
» William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico

Es impresionante la forma en que el tiempo pasa. A veces ni siquiera nos damos cuenta de que ha transcurrido tan rápidamente que cuando abrimos por fin los ojos y observamos nuestro alrededor, percibimos que nuestro tiempo se agota, y que de reaccionar demasiado tarde quizás hasta nuestra vida podría pender ya de un hilo. Descubrimos y confirmamos que lo que los ancianos decían era nada mas y nada menos que la pura realidad: "Aprovecha tu tiempo antes de que sea demasiado tarde".

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Travesía y experiencias callejeras: La sonrisa no correspondida


Hoy, cuando venía en el camión de regreso a casa noté algo inusual entre los pasajeros. Más bien entre una muchacha, una pequeña niña y una señora, para ser más exacto.

Al abordar yo el autobús, extrañamente venían en él muy pocas personas. Realmente se me hizo extraño pues regularmente viene al tope de su capacidad. Me senté a escasos 2 metros de una jovencita que vestía de uniforme, claramente se dirigía a su casa después de un día de clases.

Pasaron alrededor de 5 minutos para que el camión hiciera una parada, lugar en el que subieron tantos pasajeros que el camión se llenó en un instante. "Uff, ¡qué suerte!", pensé, pues seguramente no hubiera alcanzado asiento si hubiese abordado en ese lugar.

Al ver a las personas caminando por el pasillo mientras buscaban un lugar para sentarse, percibí el momento en que subió una señora con su hijita. Y cuando se aproximaron a la muchacha de uniforme rosado, ella interpuso su brazo para impedir que continuaran, pues entre ella y yo había un lugar disponible.

La muchacha, quien contaba con alrededor de 15 años, sostuvo a la niña para que no cayera mientras intentaba sentarse y luego volteo a ver a la señora para regalarle una sonrisa; acción que no fue recíproca pues la mujer simplemente se le quedó viendo. La pequeña, quien cargaba una pesada mochila decidió ya no cargarla y se dirigía a quitársela, pero ese momento fue interrumpido por la madre quien le ordenó que se la dejara puesta. Realmente eso fue extraño, pues la niña ni siquiera pudo sentarse bien.

Al poco rato, la chica comentó algo a la niña en voz baja, así que supuse que se conocían ya. “Debe ser su hermana”, pensé. No es que quisiera estar de metiche viendo lo acontecido, pero estaban frente a mí y sinceramente esperé el momento en que la señora por lo menos le preguntara a la muchacha “que cómo le había ido” o que por lo menos se saludaran. Cosa que jamás ocurrió.

Ambas se vieron por un buen rato, pero no dijeron palabra alguna. No tengo ni la menor duda de que eran familiares, quizá no eran madre e hija, tal vez eran hermanas. No lo sé, pero el parecido entre ellas era impresionante.

Pasaron cerca de 8 minutos cuando la señora aprovechó una parada que hizo el camión para levantarse y ordenarle a su hija que se apresurara a bajarse. De hecho casi se la llevó corriendo. La muchacha las veía mientras bajaban, pero la señora nunca volvió la vista para mirarla de nuevo. Aun así la jovencita se animó a voltear por la ventana para observar cómo se alejaban aquellas dos personas, tal vez con la esperanza de que voltearan a despedirse, no lo sé.

Me quedé pensando unos minutos en las posibles causas de porqué ni siquiera se hablaron, de hecho me dio la impresión de que la señora solo cambiaría de autobús para no ir en el mismo que la muchacha. Honestamente imaginé demasiadas cosas, los problemas que tendrían en caso de que fueran familiares y hasta el porqué de la casi nula reacción de la señora. Insisto, ¡se parecían demasiado!

Quizás y la situación en que me “envolví” tan solo fue obra de mi imaginación, pero aun así todo esto me dejó una gran enseñanza: Aprovechar el tiempo con nuestros seres queridos y no desperdiciarlo en discusiones tontas y peleas. Hoy los tenemos cerca… Mañana, quien sabe. La vida da mil vueltas y en una de esas, alguien cercano a nosotros puede ser arrebatado ante nuestros ojos sin que podamos hacer algo para impedirlo. Hay que dedicarles todo el tiempo posible y hacerlos felices, platicar con ellos, cuidarlos, abrazarlos y sonreírles siempre en vez de dejar de hablarles por sandeces y estupideces. No hay razón alguna para desperdiciar el regalo de su compañía.

Si por cosas del destino eres de las personas que guardan rencor, ¡atrévete a dejarlo antes de que te arrepientas!…
¿Es mejor evitar que lamentar?, ¿no crees?…

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