Algunas consecuencias históricas que han tenido las actividades productivas de la sociedad en su medio ambiente


Por: Alejandro Olvera
A través de la historia, los desechos por actividades productivas e industriales han traído consigo una ola de consecuencias y la preocupación por el tema es cada vez más pronunciada. Toda sociedad en mayor o menor grado es vulnerable a las transformaciones de su entorno natural, al respecto podemos identificar algunos aspectos que en la actualidad hacen más grave esto…

En primer lugar está la escala del cambio ambiental que afecta cada vez a mayor cantidad de personas. Si bien la migración ha sido una salida empleada por la humanidad para no enfrentar el deterioro de sus recursos, el espacio disponible es cada vez menor de manera que la restauración de ecosistemas se hace socialmente necesaria. Esto se refleja en el nivel de dispersión de la población. Por ejemplo, según el XII Censo General de Población y Vivienda (INEGI, 2000) en México 13.4 millones de personas habitan en poblaciones de entre 2,500 y 14,999 habitantes, y 24.7 millones de personas lo hacen en 196,350 localidades de menos de 2,500 habitantes.

Por otra parte, se sabe que 80% de los recursos forestales está en manos de ejidos y comunidades. Estos datos sugieren a simple vista la importancia de conocer las modalidades de los tipos de propiedad y las relaciones que se dan en ella en el contexto del aprovechamiento de los recursos naturales. Mientras más rápido avanza el deterioro ambiental y las alteraciones en los ecosistemas, más disminuye la capacidad de la sociedad de encontrar medios alternativos para que sus actividades y su economía no se vean afectadas drásticamente.

Si bien la sociedad en su conjunto se ve perjudicada de diversas maneras por el deterioro ambiental, las más directamente afectadas son aquellas comunidades en las que la subsistencia está basada principalmente en actividades primarias como la agricultura y la recolección y cuya capacidad para encontrar medios alternativos de subsistencia es menor. Esto ha llevado a replantear no únicamente la relación entre los seres humanos y la naturaleza, sino también la relación al interior de la sociedad. En este sentido los problemas ambientales están profundamente ligados a otro tipo de problemas sociales relacionados con la justicia y la equidad. Como toda problemática social, la degradación ambiental es estudiada y comprendida por muchas disciplinas que enfatizan la relevancia de cuestiones éticas, culturales, políticas, educativas o económicas, por mencionar algunas.

Si bien cada aproximación teórica nos ayuda a comprender el problema, es importante aceptar que éste se compone de múltiples elementos que no pueden ser abarcados por un solo modelo interpretativo. En este sentido, práctica y teoría deben estar en constante comunicación por medio de la investigación aplicada y el uso de herramientas analíticas en proyectos concretos de manera que se nutran mutuamente. Otro aspecto importante es que las interpretaciones teóricas sobre un mismo problema no sólo pueden diferir en el enfoque sino en sus explicaciones y esto influye directamente en la manera de hacer políticas públicas y proyectos.

Otro ejemplo es el de cuando la Convención de Estocolmo de 1972 determinó que el ruido era uno de los agentes contaminantes más agresivos en los cascos urbanos y en los polígonos industriales. En los últimos diez años el porcentaje de población expuesta a niveles de ruido Leq superiores a los 65 dBA se ha incrementado del 15 al 26%, lo que significa que un elevado porcentaje de la población no está debidamente protegida de los efectos en la salud derivados de la exposición al ruido.

El ruido, desde un punto de vista físico, representa una suma de sonidos caóticos, irregulares y arrítmicos o no periódicos. En la percepción del ruido interviene un alto grado de susceptibilidad, e influyen las circunstancias personales del oyente; también contribuye a la percepción del ruido su duración en el tiempo, la intensidad o el volumen, el tipo de espacio en que se emite y las características físicas del oído humano. El ruido provoca estrés, ansiedad, irritabilidad, aumento de la frecuencia respiratoria, disminución de la capacidad de concentración e incluso, en personas especialmente sensibles, dolor de cabeza y depresión. Las alteraciones pueden ser temporales, lo que provoca fatiga auditiva, o bien permanentes, en este caso tendremos el trauma sonoro, que podrá ser agudo o crónico (este último corresponde a la sordera profesional).

En España los principales consumos de agua corresponden a la agricultura, con cerca del 80% del total, mientras que el sector urbano y el industrial utilizan el 20% restante. Sin embargo, en las ciudades y sus entornos la proporción puede invertirse. Las estadísticas indican que en 1997 el consumo de agua en la Comunidad de Madrid fue de 282 litros por habitante y día. Pero, en realidad, esa cifra es tan sólo el resultado de dividir el volumen total tomado de embalses y captaciones por el Canal de Isabel II (492 hm3) entre el número de habitantes abastecidos (4.779.000). El reparto real del agua gastada, por sectores, según el propio Canal, es aproximadamente el siguiente: 50% doméstico, 17 % industrial, 10% en centros públicos y el resto es no facturado, fugas…

De los datos anteriores podemos deducir que el consumo doméstico es de unos 140 litros de agua por habitante y día. Pero las medias aritméticas resultan a veces engañosas. En realidad, hay grandes contrastes en los consumos medios por persona y día. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, ciertos barrios consumen hasta cuatro veces más agua, de media por habitante y día, que otros. Es el caso de Moncloa (345) frente a Tetuán, Villaverde o Vallecas (entre 90 y 100). La presencia de jardines individuales es un elemento determinante. Sin presentar valores escandalosos, los consumos de una ciudad como Madrid podrían reducirse de forma muy significativa sin mermar la calidad de vida de los ciudadanos mediante medidas sencillas (grifería ahorradora, cisternas de doble uso, electrodomésticos eficientes en el uso de agua, mantenimientos adecuados….).

Sin lugar a dudas el problema de contaminación en el aire es uno de los problemas ambientales más perceptibles y con mayor incidencia sobre la salud de las personas. Según datos de 1995 del Centro Europeo de Medio Ambiente y Salud (OMS) la contaminación atmosférica era responsable en Europa de los siguientes problemas sanitarios en un año: entre 2,6 y 4 millones de personas padecían problemas de tos e irritación ocular, entre 4 y 6 millones de niños sufrían enfermedades de las vías respiratorias inferiores, se produjeron entre 90 y 200.000 consultas en ambulatorios por problemas respiratorios, había 14 millones de personas con reducción de la función pulmonar en más de un 5%, entre 18 y 42.000 personas sufrían la incidencia de la contaminación en enfermedades crónicas pulmonares y se habían registrado entre 4 y 8000 ingresos hospitalarios por enfermedades respiratorias en estrecha relación con la contaminación.

Esta impresionante lista podría aumentarse mucho si se incluyeran aquellos casos en los que la contaminación del aire aparece como la causa o una de las causas más probables de ciertos problemas: éste parece ser el caso de la duplicación de los números de asma y alergias en Europa desde la década de los 80, o de ciertos tipos de cánceres que puedan ser causados por sustancias como el benceno o las partículas en suspensión… La explicación de esta estrecha relación entre contaminación del aire y salud está en el hecho de que unas trece veces por minuto inhalamos importantes cantidades de aire, lo que permite una estrecha relación entre los contaminantes del aire y los organismos humanos. Tampoco cuesta mucho entender que por el mismo motivo el sistema respiratorio es el más afectado. Por supuesto que éste es un caso claro de problema típicamente urbano.

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