Las palabras se las lleva el viento: La comunicación es primero


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Cuando se abre la puerta de la comunicación, todo es posible. De manera que debemos practicar el abrirnos a los demás para restablecer la comunicación con ellos.
Thich Nhat Hanh

¡Hola!, aquí yo de nuevo dándole seguimiento a mi retomada actividad. Y cómo les comentaba en mi publicación anterior, estaré desarrollando algunos temas que me están provocando corto circuito y que por ende, concluya por hacerme bolas a tal grado que ni yo mismo pueda comprenderme (en la mayoría de los casos). Pero en fin, como bien dicen “para terminar algo hay que empezarlo primero”, y si se trata de algo complicado, hay que desenmarañarlo para de esta forma “comenzar con lo sencillo, luego con lo posible, y de pronto estaremos haciendo lo imposible”, así que sin más preámbulo, ¡aquí vamos!

Desde que tengo uso de razón mis padres siempre me inculcaron (y bendito sea Dios, aún lo siguen haciendo) que para construir lazos fuertes y mantener relaciones sociales plenas, siempre será necesario entablar una buena comunicación. Ésta última no solamente se trata de hablar, sino también de comprender. El procedimiento es sencillo, existe un emisor y un receptor, el emisor codifica y envía un mensaje y el receptor tiene que recibirlo (obviamente), decodificarlo e interpretarlo para poder dar una respuesta de regreso.
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Las palabras se las lleva el viento: A su debido tiempo


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“Ningún amor es tan verdadero como aquel que muere sin haber sido revelado”…

Siempre me ha parecido extraño como a través del tiempo, vamos comprendiendo ciertas cosas que en el pasado no entendíamos. Existen cosas un tanto superficiales, como por ejemplo por qué se hace de noche y luego vuelve a amanecer, por qué el agua se congela y se puede evaporar, incluso por qué algunas aves pueden volar y otras sólo caminar.
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Las palabras se las lleva el viento…


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A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.
Winston Churchill

Vaya, vaya, lo que son las cosas…
Es extraño como luego de mucho tiempo de no escribir nada por estos lares, repentinamente alguien me “ordena” (literalmente hablando) que comience a escribir lo que pasa por mi mente, lo que vivo a diario e incluso lo que sueño, cuando en realidad era esto lo que hacía anteriormente y por cosas del destino lo dejé de hacer.
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El tiempo siempre se irá volando


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Malgasté el tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mi.
» William Shakespeare (1564-1616) Escritor británico

Es impresionante la forma en que el tiempo pasa. A veces ni siquiera nos damos cuenta de que ha transcurrido tan rápidamente que cuando abrimos por fin los ojos y observamos nuestro alrededor, percibimos que nuestro tiempo se agota, y que de reaccionar demasiado tarde quizás hasta nuestra vida podría pender ya de un hilo. Descubrimos y confirmamos que lo que los ancianos decían era nada mas y nada menos que la pura realidad: "Aprovecha tu tiempo antes de que sea demasiado tarde".

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El síndrome de los “veintitantos”


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Le llaman la ‘crisis del cuarto de vida’. Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos es más pequeño que hace unos años.

Te das cuenta de que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios,pareja, etc… Y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para charlar un rato.

Las multitudes ya no son ‘tan divertidas’… hasta a veces te incomodan. Y extrañas la comodidad de la escuela, de los grupos, de socializar con la misma gente de forma constante. Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos eran verdaderos amigos otros no eran tan especiales después de todo.

Te empiezas a dar cuenta de que algunas personas son EGOÍSTAS y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos no son exactamente las mejores personas que has conocido y que la gente con las que has perdido contacto resultan ser amigos de los más importantes para ti.

Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor. Te rompen el corazón y te preguntas como esa persona que amaste tanto te pudo hacer tanto mal. O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por qué no puedes conocer a alguien lo suficientemente interesante como para querer conocerlo mejor.

Pareciera como si todos los que conoces ya llevan años de novios y algunos empiezan a casarse. Quizás tú también amas realmente a alguien, pero simplemente no estás seguro si te sientes preparado para comprometerte por el resto de tu vida.

Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos, y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estúpido. Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeño sueldo.

Miras tu trabajo y quizás no estés ni un poco cerca de lo que pensabas que estarías haciendo. O quizás estés buscando algún trabajo y piensas que tienes que comenzar desde abajo y te da un poco de miedo.

Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no. Tus opiniones se vuelven más fuertes. Ves lo que los demás están haciendo y te encuentras a ti mismo juzgando un poco más de lo usual porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es.

A veces te sientes genial e invencible, y otras…solo,con miedo y confundido.

De repente tratas de aferrarte al pasado pero te das cuenta de que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando. Te preocupas por el futuro, prestamos, dinero… y por hacer una vida para ti. Y mientras ganar la carrera sería grandioso, ahora tan solo quisieras estar compitiendo en ella.

Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello. Todos nosotros tenemos ‘veintitantos’ y nos gustaría volver a los 15-16 algunas veces. Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza… pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos…

Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro. Parece que fue ayer que teníamos 16…
¿¡Entonces mañana tendremos 30!? ¿¿¿¡¡¡Así de rápido!!!???
HAGAMOS VALER NUESTRO TIEMPO… QUE NO SE NOS PASE!

“La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento…”

Travesía y experiencias callejeras: La sonrisa no correspondida


Hoy, cuando venía en el camión de regreso a casa noté algo inusual entre los pasajeros. Más bien entre una muchacha, una pequeña niña y una señora, para ser más exacto.

Al abordar yo el autobús, extrañamente venían en él muy pocas personas. Realmente se me hizo extraño pues regularmente viene al tope de su capacidad. Me senté a escasos 2 metros de una jovencita que vestía de uniforme, claramente se dirigía a su casa después de un día de clases.

Pasaron alrededor de 5 minutos para que el camión hiciera una parada, lugar en el que subieron tantos pasajeros que el camión se llenó en un instante. "Uff, ¡qué suerte!", pensé, pues seguramente no hubiera alcanzado asiento si hubiese abordado en ese lugar.

Al ver a las personas caminando por el pasillo mientras buscaban un lugar para sentarse, percibí el momento en que subió una señora con su hijita. Y cuando se aproximaron a la muchacha de uniforme rosado, ella interpuso su brazo para impedir que continuaran, pues entre ella y yo había un lugar disponible.

La muchacha, quien contaba con alrededor de 15 años, sostuvo a la niña para que no cayera mientras intentaba sentarse y luego volteo a ver a la señora para regalarle una sonrisa; acción que no fue recíproca pues la mujer simplemente se le quedó viendo. La pequeña, quien cargaba una pesada mochila decidió ya no cargarla y se dirigía a quitársela, pero ese momento fue interrumpido por la madre quien le ordenó que se la dejara puesta. Realmente eso fue extraño, pues la niña ni siquiera pudo sentarse bien.

Al poco rato, la chica comentó algo a la niña en voz baja, así que supuse que se conocían ya. “Debe ser su hermana”, pensé. No es que quisiera estar de metiche viendo lo acontecido, pero estaban frente a mí y sinceramente esperé el momento en que la señora por lo menos le preguntara a la muchacha “que cómo le había ido” o que por lo menos se saludaran. Cosa que jamás ocurrió.

Ambas se vieron por un buen rato, pero no dijeron palabra alguna. No tengo ni la menor duda de que eran familiares, quizá no eran madre e hija, tal vez eran hermanas. No lo sé, pero el parecido entre ellas era impresionante.

Pasaron cerca de 8 minutos cuando la señora aprovechó una parada que hizo el camión para levantarse y ordenarle a su hija que se apresurara a bajarse. De hecho casi se la llevó corriendo. La muchacha las veía mientras bajaban, pero la señora nunca volvió la vista para mirarla de nuevo. Aun así la jovencita se animó a voltear por la ventana para observar cómo se alejaban aquellas dos personas, tal vez con la esperanza de que voltearan a despedirse, no lo sé.

Me quedé pensando unos minutos en las posibles causas de porqué ni siquiera se hablaron, de hecho me dio la impresión de que la señora solo cambiaría de autobús para no ir en el mismo que la muchacha. Honestamente imaginé demasiadas cosas, los problemas que tendrían en caso de que fueran familiares y hasta el porqué de la casi nula reacción de la señora. Insisto, ¡se parecían demasiado!

Quizás y la situación en que me “envolví” tan solo fue obra de mi imaginación, pero aun así todo esto me dejó una gran enseñanza: Aprovechar el tiempo con nuestros seres queridos y no desperdiciarlo en discusiones tontas y peleas. Hoy los tenemos cerca… Mañana, quien sabe. La vida da mil vueltas y en una de esas, alguien cercano a nosotros puede ser arrebatado ante nuestros ojos sin que podamos hacer algo para impedirlo. Hay que dedicarles todo el tiempo posible y hacerlos felices, platicar con ellos, cuidarlos, abrazarlos y sonreírles siempre en vez de dejar de hablarles por sandeces y estupideces. No hay razón alguna para desperdiciar el regalo de su compañía.

Si por cosas del destino eres de las personas que guardan rencor, ¡atrévete a dejarlo antes de que te arrepientas!…
¿Es mejor evitar que lamentar?, ¿no crees?…

Vale la pena


Esta historia la encontré hace unos días entre muchos papeles que conservo, no es mía, la escribió un compañero de trabajo de mi papá. Me pareció tan interesante que es por eso que la transcribí, edité y la comparto con ustedes. Espero y les guste…


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Mi esposa me recomendó salir con otra mujer… Después de varios años de matrimonio descubrí una nueva manera de mantener viva la chispa del amor, pues desde hace poco había comenzado a salir con otra mujer, en realidad había sido idea de mi esposa.

“Tú sabes que la amas”, me dijo un día tomándome por sorpresa… ”la vida es muy corta, dedícale tiempo”.
”Pero yo te amo a ti,” protesté… “Lo sé pero también la amas a ella”…

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Simplemente amor


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Hace mucho tiempo existió una pareja muy feliz. La joven era muy linda, la más hermosa del lugar… Pero cierto día enfermó extrañamente y requirió ser hospitalizada.

Estuvo algunos días en el hospital y finalmente le dieron una noticia que cambiaría su vida para siempre. A causa del diagnostico tomó una fuerte decisión, evitaría a su novio a toda costa.

Fue poco el tiempo que ella pudo mantenerse alejada de él, a la semana lo llamó para confesarle su padecimiento y le dijo que le detectaron una rara enfermedad degenerativa que le deformaría el rostro, "fue por esto que preferí esconderme, no quiero que me veas de esta forma y sinceramente no creo que lo nuestro funcione así", le dijo. El novio, pensó un momento y le dijo que después hablaban…

Tres días después él la llamó y le comentó que le guardó un secreto por meses, su vista estaba fallando. Le dijo también que visitó a un doctor el cual le dijo que su enfermedad estaba muy avanzada y que pronto se quedaría ciego. "Sólo te necesito a mi lado", le dijo…

Ella no lo pensó mucho y aceptó seguir con él, pues supuso que si él no la vería todo sería como antes… Pasó el tiempo, se casaron y fueron muy felices juntos. Envejecieron y un día, ella falleció… En el funeral, todos se compadecían del señor, "pobre del esposo, está ciego y la necesitaba", murmuraban.

En el velorio, el esposo se notaba un poco triste, pero su comportamiento y movimientos indicaban algo… Un amigo se le acercó y le dijo "¿no que estabas ciego?" y él le respondió "no, nunca lo estuve… Pero si ella hubiera sabido que jamás estuve enfermo, de ningún modo hubiera aceptado casarse conmigo… Yo la amaba y la sigo amando tal y como era, pues para mí siempre fue hermosa".

Lista de regalos


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Por Karen Cano
Como ustedes ya sabrán (sino, dense por enterados), desde que entré a la adolescencia odio la navidad. Me parece una celebración absurda y vomitiva. Ostentosa y superficial. No obstante, todos a mi alrededor parecen estar tan maravillados con la idea de que tal vez caiga nieve (odio el frio), de que ya viene santaclós (tan lindos los niños n.n), de que en navidad los milagros existen (ojalá). Entonces, decidí hacer una lista de regalos. Es decir, aquí enumero las cosas que desearía recibir esta navidad. Pero pedir no cuesta nada, así que me di vuelo y pedí absolutamente todo lo que quiero, incluso lo clasifique en categorías. Esto con razón de que hoy inicia la cuenta regresiva 🙂

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El ruiseñor y la rosa


Esta historia me la compartió un amigo, y aun que se me hizo triste realmente es muy hermosa. Espero y les guste.


ruise%C3%B1orrosa[1]Oscar Wilde
– Dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -exclamó el joven estudiante-; pero no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín.

Desde su nido en la encina le oyó el ruiseñor, y miró a través de las hojas y se quedó extrañado.

– Ni una sola rosa roja en todo mi jardín -exclamó el estudiante; y sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas.

– ¡Ah, de qué cosas tan pequeñas depende la felicidad! He leído todo lo que han escrito los sabios, y son míos todos los secretos de la filosofía; sin embargo, por no tener una rosa roja, mi vida se ha vuelto desdichada.

– He aquí por fin un verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

– Noche tras noche le he cantado, aunque no le conocía; noche tras noche he contado su historia a las estrellas, y ahora le estoy viendo. Tiene el cabello oscuro como la flor del jacinto y los labios tan rojos como la rosa de sus deseos; pero la pasión ha hecho que su rostro parezca de pálido marfil, y el dolor le ha puesto su sello sobre la frente.

– El príncipe da un baile mañana por la noche -musitó el estudiante-, y mi amada estará entre los invitados. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el alba Si le llevo una rosa roja, la tendré entre mis brazos, y reclinará la cabeza en mi hombro, y su mano estará prisionera en la mía. Pero no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, así es, que estaré sentado solo, y ella pasará desdeñándome. No me prestará atención alguna y se me romperá el corazón.

– He aquí ciertamente el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

– Lo que yo canto, él lo sufre; lo que es para mí alegría es dolor para él. En verdad el amor es maravilloso; es más precioso que las esmeraldas y más costoso que los finos ópalos. No se puede comprar con perlas ni con granates, ni está a la venta en el mercado, no lo pueden comprar los mercaderes, ni se puede pesar en la balanza a peso de oro.

– Los músicos estarán sentados en su estrado -dijo el joven estudiante-, y tocarán sus instrumentos de cuerda y mi amada danzará al son del arpa y del violín. Danzará tan ligera que sus pies no rozarán el suelo, y los caballeros de la corte, con sus trajes alegres, estarán todos rodeándola. Pero conmigo no bailara, pues no tengo una rosa roja para darle.

Y se arrojó sobre la hierba, y ocultó el rostro entre las manos y lloró.

– ¿Por qué llora? -preguntó una lagartija verde, cuando pasaba corriendo junto a él con el rabo en el aire.

– Eso, ¿por qué? -dijo una mariposa que revoloteaba persiguiendo a un rayo de sol.

– Sí, ¿por qué? -susurró una margarita a su vecina, con una voz suave y baja.

– Está llorando por una rosa roja -dijo el ruiseñor

– ¡Por una rosa roja! –exclamaron-; ¡Qué ridículo!

Y la lagartija que era algo cínica, se rió abiertamente.

Pero el ruiseñor comprendía el secreto de la pena del estudiante, y permaneció posado silencioso en la encina, y pensó en el misterio del amor.

De pronto desplegó sus alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó por la arboleda como una sombra, y como una sombra voló a través de jardín. En el medio del césped crecía un hermoso rosal, y al verlo voló hacia él y se posó sobre una rama.

– Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el rosal negó con la cabeza.

– Mis rosas son blancas –respondió-, tan blancas como la espuma del mar, y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que trepa alrededor del viejo reloj de sol y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía en torno al viejo reloj de sol.

– Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el rosal negó con la cabeza.

– Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar y más amarillas que el narciso que florece en el prado antes de que llegue el segador con su guadaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que crece al pie de la ventana del estudiante, y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía al pie de la ventana del estudiante.

– Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el arbusto negó con la cabeza.

– Mis rosas son rojas –respondió-, tan rojas como los pies de la tórtola, y más rojas que los grandes abanicos de coral que se mecen y mecen en la sima del océano; pero el invierno me ha congelado las venas, y la escarcha me ha helado los capullos, y la tormenta me ha roto las ramas, y no tendré rosas este año.

– Una rosa roja es todo lo que necesito -exclamó el ruiseñor-, ¡sólo una rosa roja! ¿No hay ningún medio por el que pueda conseguirla?

– Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

– Dímelo -dijo el ruiseñor-, no tengo miedo.

– Si quieres una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que hacerla con música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Debes cantar para mí con el pecho apoyado en una de mis espinas. A lo largo de toda la noche has de cantar para mí, y la espina tiene que atravesarte el corazón, y la sangre que te da la vida debe fluir por mis venas y ser mía.

– La muerte es un alto precio para pagar una rosa roja -exclamó el ruiseñor-, y la vida nos es muy querida a todos. Es grato posarse en el bosque verde, y contemplar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perla. Dulce es la fragancia del espino, y dulces son las campanillas azules que se esconden en el valle y el brazo que el viento hace ondear en la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida, ¿y qué es el corazón de un pájaro comparado con el corazón de un hombre?

Así es que desplegó las alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó veloz sobre el jardín como una sombra, y como una sombra atravesó volando la arboleda.

El joven estudiante todavía estaba echado en la hierba, donde le había dejado, y las lágrimas aún no se habían secado en sus hermosos ojos.

– ¡Sé feliz! -exclamó el ruiseñor-, ¡sé feliz! ; tendrás tu rosa roja. Te la haré de música a la luz de la luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Todo lo que te pido a cambio es que seas un verdadero enamorado, pues el amor es más sabio que la filosofía, por sabia que ésta sea, y más fuerte que el poder, por potente que sea éste. Del color de la llama son sus alas, y de color de llama tiene el cuerpo. Sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso.

El estudiante alzó los ojos de la hierba y escuchó, mas no pudo entender lo que le estaba diciendo el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina comprendió y se puso triste, porque quería mucho al pequeño ruiseñor que había hecho su nido entre sus ramas.

– Cántame una última canción -musitó-: me sentiré muy sola cuando te hayas ido.

Así es que el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que sale a borbotones de una jarra de plata.

Cuando hubo terminado su canción, el estudiante se levantó, y sacó un cuaderno y un lápiz de su bolsillo.

– Él tiene estilo -dijo para sí, mientras caminaba a través de la arboleda-, eso no se le puede negar, pero ¿tiene sentimientos? Me temo que no. De hecho, es como la mayoría de los artistas, es todo estilo, sin ninguna sinceridad. No se sacrificaría por los demás. Piensa tan sólo en la música, y todo el mundo sabe que las artes son egoístas. Sin embargo es preciso admitir que hay notas hermosas en su voz. ¡Qué lástima que no signifiquen nada, ni tengan ninguna utilidad práctica!

Y entró en su habitación y se echó sobre el pequeño jergón, y se puso a pensar en su amor, y al cabo de un tiempo se quedó dormido.

Y cuando la luna brilló en el cielo, fue volando al rosal el ruiseñor y puso su pecho contra la espina. Cantó toda la noche con el pecho contra la espina, y la luna de frío cristal, se asomó para escucharla. A lo largo de toda la noche estuvo cantando, y la espina penetraba más y más profundamente en su pecho, y la sangre, que era su vida, fluía fuera de él.

Cantó primero el nacimiento del amor en el corazón de un adolescente y de una muchacha. Y en la rama más alta del rosal floreció una rosa admirable, pétalo a pétalo, a medida que una canción seguía a otra canción. Pálida era al principio, como la bruma suspendida sobre el río; pálida como los pies de la mañana, y de plata, como las alas de la aurora. Como la sombra de una rosa en un espejo de plata, como la sombra de una rosa en el estanque, así era la rosa que florecía en la rama más alta del rosal.

Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

– ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que esté terminada la rosa.!

Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y su canto se hizo cada vez más sonoro, pues cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una doncella.

Y un delicado arrebol rosado vino a los pétalos de la rosa, como el rubor del rostro del novio cuando besa los labios de la novia. Pero la espina no había llegado aún al corazón del pájaro, así que el corazón de la rosa seguía siendo blanco, pues sólo la sangre del corazón de un ruiseñor puede teñir de carmesí el corazón de una rosa. Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

– ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que este terminada la rosa!

Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y la espina tocó su corazón, y sintió que le atravesaba una intensa punzada de dolor. Amargo, amargo era el dolor, y más y más salvaje se elevó su canto, pues cantaba al amor que se hace perfecto por la muerte, al amor que no muere en la tumba.

Y la rosa admirable se volvió carmesí, como la rosa del cielo en el oriente. Carmesí era el ceñidor de pétalos, y carmesí como un rubí era su corazón.

Pero la voz del ruiseñor se volvió más débil, y sus pequeñas alas empezaron a batir, y un velo le cubrió los ojos. Más y más débil se tornó su canto, y sintió que algo le ahogaba en la garganta.

Moduló entonces un último arpegio musical. La luna blanca lo oyó y se olvidó del alba, y se quedó rezagada en el cielo. La rosa roja lo oyó, y tembló toda de arrobamiento, y abrió sus pétalos al aire frío de la mañana. El eco se lo llevó a su caverna púrpura de las colinas, y despertó de sus sueños a los pastores dormidos. Flotó a través de los juncos del río, y ellos llevaron su mensaje al mar.

– ¡Mira, mira! -gritó el rosal- ¡La rosa ya está terminada!

Pero el ruiseñor no respondió, pues yacía muerto en la hierba alta, con la espina en el corazón. Y al mediodía el estudiante abrió la ventana y se asomó.

– ¡Mira!, ¡Qué suerte tan maravillosa! –exclamó- ¡he aquí una rosa roja! No había visto en mi vida una rosa semejante. Es tan bella que estoy seguro que tiene un largo nombre latino.

Y se inclinó y la arrancó. Se puso luego el sombrero y se fue corriendo a casa del profesor con la rosa en la mano.

La hija del profesor estaba sentada en el umbral, devanando seda azul alrededor de un carrete, con su perrito echado a sus pies.

– Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja. -exclamó el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo entero. La llevarás prendida esta noche cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos ella te dirá cuánto te quiero.

Pero la muchacha frunció el ceño.

– Temo que no me vaya bien con el vestido -respondió- y, además, el sobrino del chambelán me ha enviado joyas auténticas, y todo el mundo sabe que las joyas cuestan mucho más que las flores.

– ¡Bien, a fe mía que eres una ingrata! -dijo el estudiante muy enfadado.

Y arrojó la rosa a la calle, donde cayó en el arroyo, y la rueda de un carro pasó por encima de ella.

– ¿Ingrata? -dijo la muchacha-. Y yo te digo que tú eres un grosero, y, después de todo, ¿quién eres tú? Sólo un estudiante. !Cómo!, No creo que tengas ni siquiera hebillas de plata para los zapatos, como tiene el sobrino del chambelán.
Y se levantó de la silla y entró en la casa.

– ¡Qué cosa tan necia es el amor! – -se dijo el estudiante mientras se marchaba-. No es ni la mitad de útil que la lógica, pues no prueba nada, y siempre nos dice cosas que no van a suceder, y nos hace creer cosas que no son ciertas. De hecho, es muy poco práctico, y como en estos tiempos ser práctico lo es todo, me volveré a la filosofía y estudiaré metafísica.

Así es que volvió a su habitación, y sacó un gran libro polvoriento, y se puso a leer.

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