Ahora sí… ¿El fín del mundo?


En los últimos días, se ha desatado una ola de pánico que ha mantenido al mundo en lo que bien se puede llamar “histeria colectiva”… Navegando por la web y buscando temas relacionados con el fin del mundo, encontré esta interesante cronología en la que se muestra las veces en que se ha “predicho” este suceso.

Realmente me quedé sorprendido de algunas de las descripciones que señala esta tabla, sin más por el momento, dejo a tú consideración el escrito.

Fuente: Foro CemZoo

Año

Descripción

1000

Hubo una histeria masiva en el mundo debido al rumor de que Cristo volvería "mil años después de la crucifixión". La fecha, obviamente, estaba mal calculada… pero el cambio de milenio fue suficiente para inspirar una histeria colectiva sin precedentes.

1033

Una nueva histeria colectiva, al cumplirse el nuevo cálculo de los 1000 años después de la crucifixión y pronosticarse el regreso de Cristo. Peregrinaciones masivas a Jerusalén.

1186

Varios astrólogos de Toledo (España) le advirtieron al Papa Clemente III que en setiembre de este año un alineamiento planetario acabaría con el mundo. El alineamiento ocurrió, sin consecuencias.

1420

Los Taboritas de Checoslovaquia anunciaron que próximamente "todas las ciudades serán consumidas por el fuego" y solo cinco ciudades sagradas quedarían.

1525

Thomas Muntzer, teólogo alemán, declaró que la venida de Cristo ocurriría, y que solo esperaba la derrota de las altas esferas de la monarquía. Muntzer declaró que Dios le había hablado, y le prometió "atrapar en sus manos las balas de los cañones del enemigo". Aplicaban restricciones, por lo visto, porque en ese mismo año los ejércitos de la monarquía derrotaron a los revolucionarios, y Muntzer fue decapitado.

1533

Michael Stiefel, monge luterano, anunció que el regreso de Cristo y el Juicio Final ocurrirían el 19 de octubre de 1533, a las 8 de la mañana. Así de puntual… como buen suizo que era Stiefel.

1534

Jan Mattijs, un profeta holandés discípulo de Muntzer, declaró que en ese año ocurriría la venida de Cristo. Similar a Muntzer se alzó contra la monarquía, y fue abatido por los ejércitos de los príncipes alemanes.

1572

Benedicto Aretius de Berna hizo una corrección a la fecha del fin del mundo. En realidad eran 1260 años después de que Constantino declaró oficialmente al Cristianismo como religión, lo cual daba 1572.

1656

Fecha del fin del mundo pronosticada por Cristobal Colón en su Libro de Profecías.

1666

Más histerias colectivas, debido a que el año terminaba en 666. El hecho de que Inglaterra fuera invadida por la peste bubónica en este año y además se desatara el Gran Incendio de Londres no ayudó mucho a calmar los ánimos.

1715

Venida de Cristo, de acuerdo con las anotaciones de Isaac Newton.

1809

La psíquica Mary Bateman anunció la nueva venida de Cristo, mensaje que encontró escrito en un huevo de su gallina mágica. La histeria se calmó posteriormente, cuando un visitante entró sin tocar la puerta y sorprendió a Bateman implantándole un huevo a la gallina.

1814

Joanna Southcott, una espiritista inglesa, anunció que era la nueva virgen, y que ese año daría luz a la nueva encarnación de Cristo. Llegado el supuesto día del nacimiento, no ocurrió nada. Southcott murió poco después, y una autopsia reveló que nunca estuvo embarazada, y todo fue un engaño.

1843

Nueva histeria masiva después de que William Miller, profeta que fundó su propia secta, calculara que el fin del mundo sería entre 1843 y 1844.

1910

Fin del mundo, marcado por el regreso del Cometa Halley. El cometa, de acuerdo con los analistas de la época, traería una nube de polvo cósmico que caería sobre la Tierra, destruyendo toda la vida que habitaba en el planeta.

1914

Fin del mundo, pronosticado por los Testigos de Jehová. Posteriormente el fundador de los Testigos explicó que no había ocurrido nada porque ese año "Jehová derrotó a Satanás en el cielo"

1918

Fin del mundo, segundo pronóstico oficial de los Testigos de Jehová

1920

Fin del mundo, tercer pronóstico oficial de los Testigos de Jehová

1925

Fin del mundo, cuarto pronóstico oficial de los Testigos de Jehová

1941

Fin del mundo, quinto pronóstico oficial de los Testigos de Jehová

1953

David Davidson, estudiando la Gran Pirámide de Egipto, llegó a la conclusión de que el mundo acabaría en octubre de 1953.

1957

Los Testigos de Jehová en su revista mensual citan que el fin del mundo vendrá en abril de ese año. El pronóstico no se considera oficial, sin embargo.

1960

Piazzi Smyth, a partir de las dimensiones de la Gran Pirámide de Egipto, concluye que la venida de Cristo será en ese año.

1970

La Iglesia Verdadera Luz de Cristo pronostica que ese año será la venida de Cristo. La mayor parte de sus miembros renunciaron a sus trabajos y repartieron sus posesiones materiales

1975

Fin del mundo, sexto pronóstico oficial de los Testigos de Jehová

1975

Moses David, fundador de los Niños de Dios, pronostica que a mediados de los 70´s un cometa chocará contra la Tierra y acabará con todos los estadounidenses

1981

Hal Lindsey, evangelista gringo, pronostica que el rapto ocurrirá antes del 31 de diciembre de 1981. Adicionalmente predice un alineamiento de planetas que ocasionará terremotos y catástrofes nucleares. Este sí iba a ser el verdadero fin del mundo, porque los planetas además de estar alineados, todos iban a estar del mismo lado respecto a la Tierra.

1982

Otra secta llamada Tara Centers anuncia que se había dado la llegada de Cristo, y que en dos meses su identidad sería conocida. Pasados los dos meses, dijeron que no se conocería la identidad porque Cristo había determinado que los humanos aún "no estaban listos".

1984

Según Bhagwan Shree Rajneesh, Guru de la religión Rajneesh, el fin del mundo iniciaría en 1984, trayendo inundaciones catastróficas de proporciones épicas, como las de la época de Noé. Vendrían acompañadas de una guerra nuclear, y para 1999 el mundo estaría completamente destruido.

1986

Segunda predicción del inicio del fin del mundo, de Moses David.

1988

Un libreto circulado en Estados Unidos pronosticaba que el rapto ocurriría entre el 11 y 13 de setiembre de ese año

1989

Edgar Whisenant, un ex-ingeniero de la NASA convertido al evangelismo, publicó un libro explicando por qué el rapto ocurriría en 1988. Cuando nada ocurrió, publicó un nuevo libro explicando por qué el rapto ocurriría en 1989.

1991

Una iglesia australiana pronosticó que Cristo aparecería en la bahía de Sydney el 31 de marzo de 1991, a las 9 de la mañana.

1991

Louis Farrakhan, ministro islamita gringo, declara que la Guerra del Golfo Pérsico es el inicio del Armagedón.

1992

La Misión de los Días Venideros, una iglesia coreana, fija la fecha del rapto como el 28 de octubre de 1992. Posteriormente muestran una serie de fotografías con siluetas borrosas que supuestamente comprueban que realmente ocurrió. Ese mismo año el movimiento Hyoogo declara el inicio de la III Guerra Mundial y pronostica la próxima muerte de 2.800 millones de personas.

1993

Nueva llegada de Cristo, según Moses David

1993

Año del rapto, según varios profetas modernos. Esto calculado con base en un ciclo de 6000 años que se cumpliría en el año 2000, menos 7 años de las guerras del fin.

1994

John Hinkley, otro pastor gringo, pronostica el fin del mundo para el 9 de junio de 1994, basado en una supuesta visión que le envió Dios. Ese mismo año volvieron los Testigos de Jehová con un nuevo anuncio de que venía el fin del mundo.

1995

Inicio de las guerras del Armagedón, de acuerdo con David Koresh y su secta de Waco. Desafortunadamente la mayoría no vivieron para ver que se habían equivocado.

1995

Los Testigos de Jehová se dan por vencidos y anuncian oficialmente que "el fin ha sido pospuesto, por ahora"

1996

Sheldon Nidle, un psíquico estadounidense, predice que el 17 de diciembre de 1996, la Tierra sería invadida por 16 millones de naves extraterrestres, dando fin al mundo como lo conocemos.

1997

El Pentágono anuncia en un memorándum confidencial (que se fugó) el fin del mundo. Según sus fuentes, ese año ocurrirían catástrofes globales y desastres naturales sin precedentes. Se rumora que el memorándum tuvo tanto impacto que Bill Clinton llamó a reunión a los teólogos responsables para que le explicaran a qué se enfrentaba el mundo.

1998

La Asociación Internacional de Psíquicos declara el inicio del fin del mundo, basados en una serie de visiones que había tenido un gran número de sus afiliados. De acuerdo con la asociación, la humanidad terminaría de desaparecer para el año 2001. De paso 1998 también fue declarado por muchos como el fin del mundo, debido a que 666 x 3 = 1998.

1998

Una secta taiwanesa declaró que el fin del mundo y la llegada de Cristo ocurrirían ese año. Según sus predicciones, el 31 de marzo Cristo tomaría control y su imagen aparecería en el canal 18 de todos los televisores del planeta. Su teoría cayó en ridículo unos días después del anuncio, cuando se dieron cuenta de que canal 18 en los sistemas de cable estadounidenses era el Canal Playboy.

1999

Fin del mundo según Vladimir Sobolyovhas, un científico ruso. Según Sobolyovhas, el eje de la Tierra estaba a punto de desplazarse 30 grados, lo cual destruiría al planeta e inundaría los continentes.

2000

Fin del mundo, debido al Error del Milenio, que destruiría todos los sistemas informáticos del planeta. Además 2000/3=666.6666666667

2001

Fin del mundo, de acuerdo con los que consideran que no existe año 0, y por lo tanto el milenio no inicia hasta el 2001.

2004

Fin del mundo, de acuerdo con un análisis numerológico de los salmos. Los que predijeron la fecha, sin embargo, nunca explicaron la matemática que los llevó a la conclusión.

2007

Venida de Cristo de acuerdo con Shelby Corbett, una supuesta teóloga. Posteriormente fue descubierto que Corbett en realidad no era teóloga, y todo era una campaña publicitaria para vender su libro. También Hal Lindsay, evangelista gringo, modificó sus predicciones del fin del mundo, corrigiéndolas por un factor político en la formación del Estado de Israel… el nuevo resultado fue 2007.

2008

Fin del mundo, de acuerdo con Ronald Weinland, fundador de la Iglesia de Cristo. Weinland escribió en uno de sus libros que si para el 2008 "el fin no ha llegado, no seré más que un falso profeta", lo cual acabó con su carrera en los pronósticos del fin del mundo.

2011

Fin del mundo, pronosticado por la Iglesia "Christians Worship Here" de Canadá. Explicación: Dios advirtió a Noe que "en siete días" destruiría el mundo, pero Pedro 2:3 dice que para Dios "un día son como mil años y mil años son como un día". Por lo tanto el fin del mundo cae 7000 años después de la gran inundación. Según los arqueólogos la gran inundación fue en 4990 AC, por lo que 7000 años después (haciendo la corrección del año 0) es el año 2011. Específicamente, el 21 de mayo del 2011.

2012

Fin del mundo según los discípulos de las profecías mayas. O sea, si fuera por las predicciones de "los que saben" del tema, ya seríamos una nube radioactiva de polvo cósmico flotando por el Universo, después de haber sido aplastados, ahogados, quemados, atacados, y congelados como 150 veces seguidas.

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El ruiseñor y la rosa


Esta historia me la compartió un amigo, y aun que se me hizo triste realmente es muy hermosa. Espero y les guste.


ruise%C3%B1orrosa[1]Oscar Wilde
– Dijo que bailaría conmigo si le llevaba rosas rojas -exclamó el joven estudiante-; pero no hay ni una sola rosa roja en todo mi jardín.

Desde su nido en la encina le oyó el ruiseñor, y miró a través de las hojas y se quedó extrañado.

– Ni una sola rosa roja en todo mi jardín -exclamó el estudiante; y sus hermosos ojos se llenaron de lágrimas.

– ¡Ah, de qué cosas tan pequeñas depende la felicidad! He leído todo lo que han escrito los sabios, y son míos todos los secretos de la filosofía; sin embargo, por no tener una rosa roja, mi vida se ha vuelto desdichada.

– He aquí por fin un verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

– Noche tras noche le he cantado, aunque no le conocía; noche tras noche he contado su historia a las estrellas, y ahora le estoy viendo. Tiene el cabello oscuro como la flor del jacinto y los labios tan rojos como la rosa de sus deseos; pero la pasión ha hecho que su rostro parezca de pálido marfil, y el dolor le ha puesto su sello sobre la frente.

– El príncipe da un baile mañana por la noche -musitó el estudiante-, y mi amada estará entre los invitados. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el alba Si le llevo una rosa roja, la tendré entre mis brazos, y reclinará la cabeza en mi hombro, y su mano estará prisionera en la mía. Pero no hay ni una sola rosa roja en mi jardín, así es, que estaré sentado solo, y ella pasará desdeñándome. No me prestará atención alguna y se me romperá el corazón.

– He aquí ciertamente el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor.

– Lo que yo canto, él lo sufre; lo que es para mí alegría es dolor para él. En verdad el amor es maravilloso; es más precioso que las esmeraldas y más costoso que los finos ópalos. No se puede comprar con perlas ni con granates, ni está a la venta en el mercado, no lo pueden comprar los mercaderes, ni se puede pesar en la balanza a peso de oro.

– Los músicos estarán sentados en su estrado -dijo el joven estudiante-, y tocarán sus instrumentos de cuerda y mi amada danzará al son del arpa y del violín. Danzará tan ligera que sus pies no rozarán el suelo, y los caballeros de la corte, con sus trajes alegres, estarán todos rodeándola. Pero conmigo no bailara, pues no tengo una rosa roja para darle.

Y se arrojó sobre la hierba, y ocultó el rostro entre las manos y lloró.

– ¿Por qué llora? -preguntó una lagartija verde, cuando pasaba corriendo junto a él con el rabo en el aire.

– Eso, ¿por qué? -dijo una mariposa que revoloteaba persiguiendo a un rayo de sol.

– Sí, ¿por qué? -susurró una margarita a su vecina, con una voz suave y baja.

– Está llorando por una rosa roja -dijo el ruiseñor

– ¡Por una rosa roja! –exclamaron-; ¡Qué ridículo!

Y la lagartija que era algo cínica, se rió abiertamente.

Pero el ruiseñor comprendía el secreto de la pena del estudiante, y permaneció posado silencioso en la encina, y pensó en el misterio del amor.

De pronto desplegó sus alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó por la arboleda como una sombra, y como una sombra voló a través de jardín. En el medio del césped crecía un hermoso rosal, y al verlo voló hacia él y se posó sobre una rama.

– Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el rosal negó con la cabeza.

– Mis rosas son blancas –respondió-, tan blancas como la espuma del mar, y más blancas que la nieve de la montaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que trepa alrededor del viejo reloj de sol y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía en torno al viejo reloj de sol.

– Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el rosal negó con la cabeza.

– Mis rosas son amarillas -respondió-, tan amarillas como el cabello de la sirena que se sienta en un trono de ámbar y más amarillas que el narciso que florece en el prado antes de que llegue el segador con su guadaña. Pero ve a ver a mi hermano, el que crece al pie de la ventana del estudiante, y te dará tal vez lo que deseas. Así es que el ruiseñor se fue volando hasta el rosal que crecía al pie de la ventana del estudiante.

– Dame una rosa roja –exclamó-, y te cantaré mi más dulce canción.

Pero el arbusto negó con la cabeza.

– Mis rosas son rojas –respondió-, tan rojas como los pies de la tórtola, y más rojas que los grandes abanicos de coral que se mecen y mecen en la sima del océano; pero el invierno me ha congelado las venas, y la escarcha me ha helado los capullos, y la tormenta me ha roto las ramas, y no tendré rosas este año.

– Una rosa roja es todo lo que necesito -exclamó el ruiseñor-, ¡sólo una rosa roja! ¿No hay ningún medio por el que pueda conseguirla?

– Hay un medio -respondió el rosal-, pero es tan terrible que no me atrevo a decírtelo.

– Dímelo -dijo el ruiseñor-, no tengo miedo.

– Si quieres una rosa roja -dijo el rosal-, tienes que hacerla con música, a la luz de la luna, y teñirla con la sangre de tu propio corazón. Debes cantar para mí con el pecho apoyado en una de mis espinas. A lo largo de toda la noche has de cantar para mí, y la espina tiene que atravesarte el corazón, y la sangre que te da la vida debe fluir por mis venas y ser mía.

– La muerte es un alto precio para pagar una rosa roja -exclamó el ruiseñor-, y la vida nos es muy querida a todos. Es grato posarse en el bosque verde, y contemplar al sol en su carro de oro y a la luna en su carro de perla. Dulce es la fragancia del espino, y dulces son las campanillas azules que se esconden en el valle y el brazo que el viento hace ondear en la colina. Sin embargo, el amor es mejor que la vida, ¿y qué es el corazón de un pájaro comparado con el corazón de un hombre?

Así es que desplegó las alas pardas para emprender el vuelo y hendió los aires. Pasó veloz sobre el jardín como una sombra, y como una sombra atravesó volando la arboleda.

El joven estudiante todavía estaba echado en la hierba, donde le había dejado, y las lágrimas aún no se habían secado en sus hermosos ojos.

– ¡Sé feliz! -exclamó el ruiseñor-, ¡sé feliz! ; tendrás tu rosa roja. Te la haré de música a la luz de la luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Todo lo que te pido a cambio es que seas un verdadero enamorado, pues el amor es más sabio que la filosofía, por sabia que ésta sea, y más fuerte que el poder, por potente que sea éste. Del color de la llama son sus alas, y de color de llama tiene el cuerpo. Sus labios son dulces como la miel y su aliento es como el incienso.

El estudiante alzó los ojos de la hierba y escuchó, mas no pudo entender lo que le estaba diciendo el ruiseñor, pues sólo sabía las cosas que están escritas en los libros.
Pero la encina comprendió y se puso triste, porque quería mucho al pequeño ruiseñor que había hecho su nido entre sus ramas.

– Cántame una última canción -musitó-: me sentiré muy sola cuando te hayas ido.

Así es que el ruiseñor cantó para la encina, y su voz era como el agua que sale a borbotones de una jarra de plata.

Cuando hubo terminado su canción, el estudiante se levantó, y sacó un cuaderno y un lápiz de su bolsillo.

– Él tiene estilo -dijo para sí, mientras caminaba a través de la arboleda-, eso no se le puede negar, pero ¿tiene sentimientos? Me temo que no. De hecho, es como la mayoría de los artistas, es todo estilo, sin ninguna sinceridad. No se sacrificaría por los demás. Piensa tan sólo en la música, y todo el mundo sabe que las artes son egoístas. Sin embargo es preciso admitir que hay notas hermosas en su voz. ¡Qué lástima que no signifiquen nada, ni tengan ninguna utilidad práctica!

Y entró en su habitación y se echó sobre el pequeño jergón, y se puso a pensar en su amor, y al cabo de un tiempo se quedó dormido.

Y cuando la luna brilló en el cielo, fue volando al rosal el ruiseñor y puso su pecho contra la espina. Cantó toda la noche con el pecho contra la espina, y la luna de frío cristal, se asomó para escucharla. A lo largo de toda la noche estuvo cantando, y la espina penetraba más y más profundamente en su pecho, y la sangre, que era su vida, fluía fuera de él.

Cantó primero el nacimiento del amor en el corazón de un adolescente y de una muchacha. Y en la rama más alta del rosal floreció una rosa admirable, pétalo a pétalo, a medida que una canción seguía a otra canción. Pálida era al principio, como la bruma suspendida sobre el río; pálida como los pies de la mañana, y de plata, como las alas de la aurora. Como la sombra de una rosa en un espejo de plata, como la sombra de una rosa en el estanque, así era la rosa que florecía en la rama más alta del rosal.

Pero el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

– ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que esté terminada la rosa.!

Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y su canto se hizo cada vez más sonoro, pues cantaba el nacimiento de la pasión en el alma de un hombre y de una doncella.

Y un delicado arrebol rosado vino a los pétalos de la rosa, como el rubor del rostro del novio cuando besa los labios de la novia. Pero la espina no había llegado aún al corazón del pájaro, así que el corazón de la rosa seguía siendo blanco, pues sólo la sangre del corazón de un ruiseñor puede teñir de carmesí el corazón de una rosa. Y el rosal gritó al ruiseñor que se apretara más contra la espina.

– ¡Apriétate más, pequeño ruiseñor! -gritaba el rosal-, ¡o llegará el día antes de que este terminada la rosa!

Así es que el ruiseñor se apretó más contra la espina, y la espina tocó su corazón, y sintió que le atravesaba una intensa punzada de dolor. Amargo, amargo era el dolor, y más y más salvaje se elevó su canto, pues cantaba al amor que se hace perfecto por la muerte, al amor que no muere en la tumba.

Y la rosa admirable se volvió carmesí, como la rosa del cielo en el oriente. Carmesí era el ceñidor de pétalos, y carmesí como un rubí era su corazón.

Pero la voz del ruiseñor se volvió más débil, y sus pequeñas alas empezaron a batir, y un velo le cubrió los ojos. Más y más débil se tornó su canto, y sintió que algo le ahogaba en la garganta.

Moduló entonces un último arpegio musical. La luna blanca lo oyó y se olvidó del alba, y se quedó rezagada en el cielo. La rosa roja lo oyó, y tembló toda de arrobamiento, y abrió sus pétalos al aire frío de la mañana. El eco se lo llevó a su caverna púrpura de las colinas, y despertó de sus sueños a los pastores dormidos. Flotó a través de los juncos del río, y ellos llevaron su mensaje al mar.

– ¡Mira, mira! -gritó el rosal- ¡La rosa ya está terminada!

Pero el ruiseñor no respondió, pues yacía muerto en la hierba alta, con la espina en el corazón. Y al mediodía el estudiante abrió la ventana y se asomó.

– ¡Mira!, ¡Qué suerte tan maravillosa! –exclamó- ¡he aquí una rosa roja! No había visto en mi vida una rosa semejante. Es tan bella que estoy seguro que tiene un largo nombre latino.

Y se inclinó y la arrancó. Se puso luego el sombrero y se fue corriendo a casa del profesor con la rosa en la mano.

La hija del profesor estaba sentada en el umbral, devanando seda azul alrededor de un carrete, con su perrito echado a sus pies.

– Dijiste que bailarías conmigo si te traía una rosa roja. -exclamó el estudiante-. He aquí la rosa más roja del mundo entero. La llevarás prendida esta noche cerca de tu corazón, y cuando bailemos juntos ella te dirá cuánto te quiero.

Pero la muchacha frunció el ceño.

– Temo que no me vaya bien con el vestido -respondió- y, además, el sobrino del chambelán me ha enviado joyas auténticas, y todo el mundo sabe que las joyas cuestan mucho más que las flores.

– ¡Bien, a fe mía que eres una ingrata! -dijo el estudiante muy enfadado.

Y arrojó la rosa a la calle, donde cayó en el arroyo, y la rueda de un carro pasó por encima de ella.

– ¿Ingrata? -dijo la muchacha-. Y yo te digo que tú eres un grosero, y, después de todo, ¿quién eres tú? Sólo un estudiante. !Cómo!, No creo que tengas ni siquiera hebillas de plata para los zapatos, como tiene el sobrino del chambelán.
Y se levantó de la silla y entró en la casa.

– ¡Qué cosa tan necia es el amor! – -se dijo el estudiante mientras se marchaba-. No es ni la mitad de útil que la lógica, pues no prueba nada, y siempre nos dice cosas que no van a suceder, y nos hace creer cosas que no son ciertas. De hecho, es muy poco práctico, y como en estos tiempos ser práctico lo es todo, me volveré a la filosofía y estudiaré metafísica.

Así es que volvió a su habitación, y sacó un gran libro polvoriento, y se puso a leer.

Historia del amor imposible


a3325103Por: Alejandro Olvera
Hace ya algún tiempo, un joven poeta llamado Juan escribió unos párrafos dirigidos hacia una persona, una chica de nombre Rosa a quien este enamorado hombre ya había confesado sus sentimientos con anterioridad, pero desafortunadamente estos no fueron correspondidos.

Juan era huérfano, había vivido duramente toda su infancia y parte de su juventud en una casa hogar donde se hizo amigo de una sencilla joven llamada María, con quien de hecho tenía mucho en común, ninguno de los dos había sido adoptado y por ende tuvieron que salir a enfrentar la vida al cumplir la mayoría de edad, para ahora sí, valerse por sí mismos.

Debido a su gran amistad al reencontrarse fuera decidieron compartir casa pagando la mitad de los gastos cada quien. Y es por esto que María tenía la oportunidad de acompañarlo cada vez que escribía algo. A ella le gustaba observar como de la imaginación de aquel hombre fluían tan hermosas palabras, además sabía de antemano que su amigo tenía ya una enorme colección de hojas violeta en su armario. Cierto día le llamó más la atención el que es vez haya utilizado una hoja color carmesí, pues Juan siempre utilizaba hojas violeta, “El color de las hojas, hace los poemas más especiales, además el violeta es mi color favorito”, decía muy seguido él.

Inspirado como nunca antes, Juan seguía aferrado a conseguir el amor de Rosa, pues para el lo era todo, era simple y sencillamente su felicidad. María estaba envuelta e un mar de dudas, ¿por qué Juan habría cambiado de color esta vez?, ¿qué será lo que estará tramando?, ¿por qué se ve tan feliz? Sin titubear, se armó del valor suficiente para preguntarle si ese poema se lo entregaría a alguien, pues definitivamente no combinaría para nada una hoja de color distinto a las demás. Él se limitó solo a sonreír, pero no le respondió.

Pasaron los años y ese poema jamás fue entregado. Juan lo guardo por mucho tiempo aún sabiendo que nunca sería correspondido. Un día despertó decidido, intentaría nuevamente conquistar a Rosa y para tal, entregaría aquel poema que había escrito con nada más que sus enteros sentimientos. Se levantó, se arregló y perfumó y salió rumbo al mercado, pues seguramente y como todos los días, encontraría a Rosa atendiendo su tienda.

Juan se acercó sigilosamente al área, al tiempo que una persona observaba lo acontecido. Observó todo, incluso el instante en que Juan, tímidamente entregaba aquella hoja carmesí. Entre la muchedumbre se sintió un silencio extraño, el tiempo se detuvo y esta persona no pudo hacer más que soltarse en llanto. Las lagrimas caían sobre sus mejillas sin que pudiese hacer algo, y fue así que procurando pasar desapercibida se fue llorando a casa.

Por otro lado, Rosa sabía de lo que se trataba ya todo el enredo, no se dio siquiera el tiempo de leer el escrito y sin pensarlo dos veces, tomó aquella hoja para romperla frente a los ojos de Juan. Tal como esa hoja, el corazón del joven también quedó destrozado. Él agachó el rostro y se retiró  lentamente del lugar, se dirigió a su casa y se refugió en el desván.

Al encontrarse allí, notó un pequeño agujero en la pared de una esquina, quizá la vivienda de un ratón; no le tomó importancia. Se sentó a pensar un poco y tras unos minutos, estando consciente de que su amor jamás sería correspondido, se hizo a si mismo la promesa de jamás volver a amar. Pasaron algunos días pero su deseo de sacar lo que sentía fue más fuerte que su voluntad por cumplir lo que se propuso, decidió a seguir escribiendo poemas, todos inspirados por el amor imposible de corresponder que le tenía a Rosa.

Varios años después Juan seguía plasmando sus sentimientos en papel, sabía que nadie nunca los leería pues aquel día de reflexión encontró el escondite perfecto. Utilizó el agujero entre la pared para ocultar cada escrito que realizaba. Pero un tranquilo día de verano su preciada inspiración se acabó.

La persona a la que amaba con toda su ser, Rosa, falleció. Al saber la noticia, Juan desconsolado subió las escaleras y se dirigió al desván, se detuvo un momento en la esquina para tomar sus escritos, leyó algunos y meditó sobre su vida, notó que ya era un viejo. Pero nunca valoró que sólo le quedaba la compañía de una persona que jamás lo dejó, su amiga María.

Juan se dio cuenta que desperdicio toda su vida buscando algo que de antemano sabía que jamás seria suyo. Sin pensar en su amiga, tomó una soga y se suicido. Cuando María entro en el área y vio el cuerpo de Juan, soltó en llanto y recordó el instante en que Juan entrego la hoja carmesí, sabía que Juan jamás la había amado y fue por eso que prefirió guardarse sus sentimientos por siempre, triste, desconsolada y sin motivos para seguir viviendo se suicidó también.


Del autor: “Sé que no es una fábula… pero… ¿Cual es la moraleja?”

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